Donde tantas veces me bajé y caminé
un pasito o dos,
una cuadra o dos,
todo despacio porque
despacio hay que moverse
en la imponente humedad
e intentar no derretirse.
Donde tantas personas ví bajar
y caminar hacia sus casas
ausentes del placer
de viajar por poca plata
en tren.
Donde contemplé tu residencial paisaje
desde el puente que te hace
tan diferente, Coghlan,
la estación más linda.
Donde fui alegremente yo sola
en una ciudad grande,
siendo grande de a poco.
¿Quién hubiera dicho
de este romance citadino
entre yo y la Estación Coghlan?
Te extraño cada vez que en Córdoba
me tengo que subir a un colectivo.

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